← Todas las columnas
Educación y familia

Acompañar sin controlar: ocho claves para que las familias vivan mejor el proceso PAES

Cuidar, organizar y escuchar pueden hacer más por un estudiante que una hora extra de estudio.

Con la PAES cada vez más cerca, en muchas casas ya se nota. Se habla de puntajes en la mesa, se cuentan las horas de estudio y cualquier descanso empieza a parecer un lujo. Las familias quieren ayudar, y casi siempre lo hacen desde la exigencia. Hay otra manera, que cabe en tres verbos: cuidar, organizar y escuchar.

Cuidar: el cuerpo también rinde la prueba

El sueño no es tiempo perdido. Durante el sueño profundo, el cerebro consolida lo aprendido y regula la ansiedad. Quedarse despierto hasta tarde estudiando rinde menos de lo que parece. Un ejercicio simple es el protocolo de apagado: 45 minutos antes de dormir, pantallas fuera y notificaciones desactivadas, un ambiente más tranquilo y el celular lejos de la cama. Si aparece la ansiedad, ayuda una respiración guiada: inhalar en cuatro tiempos, mantener en siete y exhalar en ocho.

Comer y beber también es estudiar. La hidratación favorece el foco y la velocidad de procesamiento durante los ensayos. Conviene priorizar frutos secos, avena, frutas, verduras y proteína, y reducir ultraprocesados y bebidas energéticas. Un recordatorio que se ve se convierte en una acción posible: una botella de agua sobre la mesa de estudio y una colación saludable ofrecida como gesto explícito de cuidado.

El tiempo libre no es tiempo perdido. El descanso activo recarga la energía y libera la tensión acumulada. Calendarizar una pausa como algo no negociable, y respetarla sin culpas ni reproches, es parte del rendimiento.

Tolerancia cero a la automedicación. Recurrir a "soluciones mágicas" sin supervisión médica puede generar dependencia, alterar el ciclo circadiano y distorsionar funciones cognitivas. Revisar el botiquín de la casa y conversar sobre los riesgos es una buena tarea familiar.

Organizar y escuchar

La estructura da calma. La incertidumbre genera ansiedad. Ayudar a planificar, sin imponer calendarios rígidos que generen resistencia, devuelve control. Una fórmula conocida es alternar 45 a 50 minutos de estudio con 10 a 15 de descanso real, y que el plan semanal incluya también descanso, comida y sueño.

Escuchar antes que aconsejar. Muchas veces un joven no busca una solución, busca sentirse comprendido. En lugar de decir "no te preocupes, si estudiaste te va a ir bien", se puede probar con "entiendo que sientas miedo, es una prueba importante y estoy aquí para ti". Una idea para la cena es un semáforo emocional: verde si está tranquilo y al día, amarillo si está estresado o sobrecargado, rojo si está agobiado o superado. Si la respuesta es rojo, la regla es primero escuchar y luego preguntar qué necesita: desahogarse, un consejo o solo un abrazo.

El valor de una persona no es su puntaje. El rendimiento mejora cuando el joven siente que su valor personal no depende del resultado. Por eso conviene reconocer la dedicación y no solo el número final. Antes de un ensayo o de la prueba definitiva, una nota breve o una frase dicha en voz alta puede bastar: "Tu valor como persona no cabe en un puntaje PAES. Tu familia te ama y está orgullosa de tu esfuerzo, pase lo que pase".

Detectar a tiempo

Distinguir el estrés normal ante un examen de una alteración de la salud mental que requiera atención no es tarea de los padres, pero observar sí lo es. Un criterio práctico es mirar los cambios persistentes en el comportamiento habitual que se mantienen por más de dos semanas: cambios drásticos en el peso o el apetito, insomnio prolongado o somnolencia extrema, dolores de cabeza o de estómago recurrentes sin causa médica explicable.

La presencia de estas señales no constituye un diagnóstico, y la observación solo orienta la consulta: no reemplaza una evaluación profesional. Por eso es útil acordar en familia, antes de que haga falta, un protocolo simple: identificar las señales, solicitar una consulta preventiva y conectar con el colegio, un psicólogo o un servicio de salud mental. Pedir ayuda profesional es una estrategia más para prepararse bien.

Acompañar no es controlar. Es crear las condiciones para que el estudiante pueda dar lo mejor de sí. El objetivo no es controlar más, sino sostener mejor.

Compartir columna